Curator | Teresa Calbo
Set Espai d’Art | Valencia | España
La exposición propone un acercamiento a la figura y obra de Enric Mestre, uno de los escultores que ha consolidado la cerámica como medio contemporáneo de creación. A través de su trabajo, Mestre explora la relación entre forma, material y pensamiento, mostrando cómo la cerámica puede ser un vehículo de reflexión, sensibilidad y orden conceptual en la escultura actual.
Su práctica se desarrolla en la casa-taller, un espacio hermético y autocontenido donde cada objeto, cada escultura, cada tarro con pigmentos y cada cuaderno de anotaciones forma parte de un texto más amplio que articula pensamiento, experiencia y materialidad. Este espacio deviene estudio, laboratorio y hogar, un lugar donde la tensión entre lo cotidiano y lo trascendente se hace tangible.
Mestre trabaja con la geometría como lenguaje esencial. Las formas que genera —triángulos, rectángulos, cubos— emergen de la observación del entorno, de la huerta que rodea su taller, pero una vez incorporadas al proceso creativo, se desprenden de su referente inmediato para transformarse en invenciones autónomas, simbólicas y mínimamente expresivas. Cada escultura es un objeto pensado, un cuerpo que acoge el tiempo de la reflexión y el rigor del oficio, construyendo un orden donde nada sobra ni falta.
La relación con la tierra es central. No se trata solo de la materia como soporte, sino de la dignificación del barro, de la transposición de su textura y resistencia al ámbito conceptual. La cerámica permite a Mestre operar una síntesis entre paisaje y pensamiento, exterior e interior, naturaleza y cultura. La geometría se convierte en mediadora: líneas, planos y volúmenes articulan una escritura visual que es a la vez práctica, contemplativa y ritual.
El taller-castillo, rodeado de muros y protegido por ventanas en cuadrícula, refleja esta doble dimensión de resguardo y contemplación. Entrar en él exige un desplazamiento de la mirada, un tránsito desde lo exterior hacia lo interior, desde la dispersión hacia la concentración. El espectador se enfrenta a la obra no como observador pasivo, sino como participante de un ritual silencioso, invitado a experimentar la densidad, la calma y la precisión que caracterizan cada pieza.
Las esculturas de Mestre no solo registran una lógica formal, sino que funcionan como espacios de mediación entre el pensamiento y la experiencia sensorial. Cada pieza es un cuerpo arquitectónico, minimalista, que alberga relaciones simbólicas entre formas, volumen y vacío. La repetición, la variación y la abstracción geométrica establecen un diálogo entre la materia y la idea, entre el tiempo del trabajo y el tiempo de la contemplación.
La exposición, en su conjunto, invita a comprender la cerámica como un vehículo del espíritu contemporáneo. Al igual que los rituales ancestrales conservaban figuras que conectaban lo humano con lo trascendente, las obras de Mestre crean espacios que invitan al recogimiento, al silencio y a la meditación, ofreciendo refugio frente al ruido de la vida cotidiana. La geometría, la materia y la disposición de los objetos generan un espacio en el que es posible habitar la serenidad, reflexionar sobre la forma y la estructura y experimentar una relación profunda con lo esencial.
