El proceso de la forma | Robert Ferrer Martorell

22/9 2018 – 3/2 2019

Fundación Museo Salvador Victoria | Rubielo de Mora | Teurel | España

La exposición  propone una aproximación profunda y reflexiva al trabajo de Robert Ferrer i Martorell, articulada en torno a la relación entre geometría, espacio y luz, ejes fundamentales de su investigación artística.
Presentada en el Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora, la muestra establece un diálogo sutil pero intenso con la obra de Salvador Victoria, no desde la afinidad generacional, sino desde una coincidencia conceptual en la manera de entender el espacio como campo activo, la geometría como lenguaje poético y la luz como materia esencial.
La exposición se concibe como un proyecto específico para el museo, cuidadosamente pensado a partir de la observación atenta del espacio arquitectónico, sus proporciones y, de manera muy especial, la incidencia de la luz natural, incorporada deliberadamente mediante la apertura del balcón de la sala, integrando el paisaje exterior como parte viva de la experiencia expositiva.
El núcleo de la muestra gira en torno a una única obra monumental, Porta oberta a l’invisible (170 × 467 × 40 cm), concebida como un gran friso que ocupa la pared frontal y actúa como centro gravitacional del recorrido. En torno a ella se disponen bocetos, maquetas, planos y estudios previos que no funcionan como obras autónomas, sino como fragmentos de un proceso, revelando las distintas fases de pensamiento, ajuste y depuración que conducen a la forma final. Esta estructura expositiva permite al espectador adentrarse en la metodología del artista, donde la obra no se presenta como resultado cerrado, sino como culminación de una secuencia de decisiones, correcciones y tensiones cuidadosamente calibradas.
La pieza principal, de marcado carácter lírico y poético, remite a una genealogía de referencias que atraviesa la modernidad artística —desde la simplicidad esencial de Miró y el equilibrio dinámico de Calder, hasta los ritmos internos de Palazuelo, la vibración óptica de Sempere y la concepción espacial de Malevich o Fontana—, sin caer nunca en la cita literal, sino integrando esas resonancias en un lenguaje propio, depurado y silencioso. La obra parece vibrar y expandirse en el espacio, generando una experiencia perceptiva en la que el movimiento, la luz y el vacío adquieren un protagonismo casi musical, fruto de una estricta metodología que, paradójicamente, desemboca en una intensa carga emotiva.
Robert Ferrer i Martorell (Valencia, 1978), afincado en Mallorca, es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, donde también cursó estudios de doctorado en Grabado y Estampación, iniciando paralelamente una sólida trayectoria expositiva que se extiende desde hace casi dos décadas. Su trabajo se inscribe en los límites de la abstracción geométrica y el minimalismo, aunque siempre desde una posición personal que reivindica la dimensión manual del proceso creativo.
El artista concibe la forma a partir de una relación directa con los materiales —aluminio, metales, vidrio, metacrilato— trabajados con una precisión casi artesanal, en un ejercicio de control extremo que no elimina la intuición, sino que la afina. Si en sus primeras etapas recurrió al uso de los colores primarios, en su producción más reciente ha reducido la paleta de manera radical, concentrándose especialmente en el azul, en diálogo con el negro, los blancos extensos y las superficies reflectantes, logrando efectos de gran intensidad poética y sensorial. Esta economía de medios refuerza la dimensión contemplativa de la obra y subraya su interés por aquello que no se muestra de manera explícita, por lo sugerido, por lo que acontece en el límite entre lo visible y lo invisible.
A lo largo de su carrera ha sido reconocido con premios como Art Jove del Govern de les Illes Balears o el Premio Rei en Jaume de Artes Plásticas, y ha participado en ferias internacionales como Volta New York, Art Dubai, Art Lima o ARCO Madrid, además de exponer en espacios como el Instituto Cervantes de París o galerías en Madrid, París, Miami y Mallorca.
En El proceso de la forma, Ferrer i Martorell invita al espectador a detenerse, a observar con lentitud y a comprender que la obra no se agota en su apariencia final, sino que se construye en ese territorio intermedio entre la idea y la materia, entre la planificación y el gesto manual. La exposición revela así una práctica artística que entiende la geometría no como sistema cerrado, sino como un lenguaje abierto capaz de activar emociones, silencios y resonancias interiores, proponiendo una experiencia estética que apela tanto a la percepción como al pensamiento, y que sitúa la luz, el espacio y el tiempo como elementos esenciales de una poética rigurosa y profundamente humana.