Curator | Alfonso de la Torre
Centro de Arte Tomás y Valiente (CEART) | Fuenlabrada | Madrid | España
La exposición plantea un recorrido amplio por una de las trayectorias más singulares del arte español contemporáneo. Lejos de organizarse como simple retrospectiva acumulativa, el proyecto funciona como una cartografía de ideas en expansión, donde pintura, escultura, fotografía e intervención espacial aparecen como fases de una misma investigación.
Desde sus primeras obras de mediados de los sesenta —surgidas en el clima experimental que rodeaba el Museo de Arte Abstracto de Cuenca— se percibe una voluntad de ir más allá de la superficie pictórica. Aunque dialoga con corrientes europeas como el minimalismo o el entorno de ZERO, Yturralde nunca se instala cómodamente en ellas. Su trabajo adopta la geometría no como estilo, sino como campo de prueba.
Las primeras “Figuras imposibles” marcan ya una inflexión decisiva. En ellas, la perspectiva se convierte en paradoja y el espacio en problema perceptivo. No es casual su vinculación con el grupo Antes del Arte ni su posterior participación en las experiencias del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Allí, el contacto con la computación y los lenguajes matemáticos amplió su comprensión del arte como sistema estructural y como experimento.
La exposición subraya también un momento crucial: su estancia en el MIT en los años setenta. Ese contacto con el ámbito científico consolidó su interés por las estructuras inestables, los límites del espacio y las posibilidades de interacción entre arte y tecnología. A partir de entonces, su producción se desplaza con naturalidad entre la pintura, la instalación y la acción pública, ampliando el radio de acción de la geometría hacia el entorno real.
Uno de los ejes más sugerentes del recorrido es la aparición de sus ciclos dedicados al límite y al vacío. En series como “Límites”, “Vacío” o “Eclipses”, la forma parece disolverse en campos de energía. El plano ya no es contenedor, sino umbral. Posteriormente, en “Preludios”, “Interludios” y “Postludios”, la pintura adquiere una dimensión casi musical: la repetición, la variación y la pausa se convierten en herramientas compositivas.
En trabajos más recientes como “Horizons” o “Enso”, el horizonte se transforma en línea conceptual más que paisajística. La geometría se simplifica hasta el gesto esencial, rozando una espiritualidad que no renuncia al rigor. El vacío deja de entenderse como ausencia para convertirse en espacio activo, en tensión latente.
La presencia de sus “Estructuras Volantes” introduce una dimensión aérea y física que desborda el marco tradicional del cuadro. Suspendidas en el espacio, estas piezas refuerzan la idea de que la investigación de Yturralde no ha sido nunca bidimensional. La recuperación de filmaciones históricas añade otra capa: documenta su temprana conciencia del arte como experiencia temporal y performativa.
Más que celebrar una carrera prolongada en el tiempo, la exposición revela la coherencia de una búsqueda constante. Yturralde ha trabajado siempre en los márgenes de los discursos dominantes, manteniendo una fidelidad obstinada a sus propias preguntas: ¿qué es el espacio?, ¿cómo se percibe?, ¿dónde se sitúa el límite entre lo visible y lo pensado?
El resultado es el retrato de un metageómetra —si se quiere emplear ese término— que ha convertido la forma en instrumento de conocimiento. Una obra que no se limita a ocupar el espacio, sino que lo interroga.
