Centro Cultural Casa Mudéjar | Torreón | México
La exposición reúne una selección de obras que permiten recorrer dos momentos decisivos en la trayectoria de uno de los artistas más singulares de la región de Torreón (México). Se trata de un acercamiento a su etapa geométrica y a su posterior consolidación dentro del movimiento MADI, fases en las que la forma abandona cualquier referencia figurativa para afirmarse como estructura autónoma, dinámica y expansiva.
Tras un inicio vinculado a la figuración y a temáticas relacionadas con el entorno —como la serie dedicada al cultivo del algodón— su lenguaje plástico evolucionó hacia el uso de colores planos y composiciones cada vez más depuradas. La superficie comenzó a entenderse como un campo de tensiones, donde la línea y el plano no describen, sino que construyen. Este tránsito desemboca en una investigación decididamente geométrica, en la que la forma se emancipa del soporte tradicional y explora nuevas posibilidades espaciales.
La incorporación al movimiento MADI marcó un punto de inflexión. Fundado por el poeta húngaro Gyula Kosice y el pintor uruguayo Carmelo Arden Quin, MADI propuso desde sus inicios una ruptura radical con el marco ortogonal del cuadro, apostando por estructuras irregulares, relieves, articulaciones móviles y una expansión del arte hacia lo lúdico y lo experimental. Alonso de Alba se convirtió en el primer mexicano en formar parte de este movimiento, reconocimiento que consolidó una afinidad ya presente en su búsqueda formal.
En las obras reunidas, la geometría se manifiesta como sistema abierto. Las formas se proyectan más allá de los límites convencionales, generando composiciones donde el color actúa como fuerza estructurante y no como mero recurso ornamental. Las superficies se fragmentan, se articulan y, en ocasiones, adquieren dimensión objetual, reforzando la idea de que la pintura puede convertirse en cuerpo, en presencia activa dentro del espacio.
La etapa MADI intensifica esta exploración. El soporte se transforma, los contornos se liberan de la rigidez rectangular y la obra asume una condición más dinámica. Hay en estas piezas una voluntad de juego y experimentación que convive con el rigor constructivo. La geometría no es fría ni distante; es vibrante, rítmica, capaz de generar una experiencia perceptiva que involucra al espectador en un diálogo con la forma y el color.
La exposición permite observar cómo la investigación geométrica no fue un episodio aislado, sino un proceso coherente que condujo a una integración plena en la estética MADI. A través de estas obras, se percibe una constante: la necesidad de romper límites, de cuestionar el formato tradicional y de afirmar la autonomía del lenguaje plástico. La trayectoria aquí reunida evidencia una búsqueda sostenida en la que la forma, el color y la estructura se convierten en herramientas para expandir las posibilidades del arte contemporáneo.
