Galería Cuatro | Valencia | España
La exposición de David Pellicer presenta un conjunto de pinturas que exploran la relación entre la percepción, la luz y el espacio, situando al espectador en un territorio fronterizo entre lo real y lo virtual. El trabajo de Pellicer se fundamenta en dos pilares principales: por un lado, el estudio reflexivo del espacio desde la óptica de la escenografía contemporánea, donde cada composición se concibe como un escenario cuidadosamente estructurado; por otro, la exploración de la realidad virtual como herramienta para examinar los límites entre apariencia y experiencia, lo que permite que sus obras funcionen simultáneamente como objetos pictóricos y como entornos sensoriales.
La influencia de reconocidos escenógrafos como María Björnson, Ralph Koltai o Günter Schneider-Siemssen es evidente en la manera en que Pellicer organiza la escena, manejando la luz y la composición como elementos arquitectónicos capaces de generar tensión, profundidad y ritmo visual. De manera similar, los experimentos lumínicos de James Turrell resuenan en su obra, ampliando la noción de percepción y transformando la luz en un lenguaje por sí misma, que articula la interacción del espectador con la superficie pictórica y el espacio circundante.
Las obras en Isolated Lights invitan a recorrer escenarios que parecen emerger de la abstracción escénica, donde la geometría, el color y el haz de luz actúan como actores en una coreografía visual precisa. Cada pieza funciona como un umbral: la superficie pictórica contiene y delimita un espacio que, sin embargo, se abre a la imaginación del espectador, generando un efecto de inmersión que cuestiona las fronteras entre lo físico y lo virtual, entre lo tangible y lo percibido.
Pellicer construye sus composiciones con un control minucioso de la luz y la perspectiva, explorando las dicotomías entre interior y exterior, sombra y claridad, presencia y ausencia. La precisión técnica se combina con una sensibilidad conceptual que invita a una experiencia contemplativa, donde el acto de mirar se convierte en una forma de diálogo entre el espectador, la pintura y el espacio.
Con esta propuesta, el artista valenciano continúa su trayectoria de exploración de los límites del lenguaje pictórico contemporáneo, mostrando cómo la pintura puede dialogar con otras disciplinas, como la escenografía y la tecnología digital, para generar un universo visual donde la luz y la forma se convierten en protagonistas de la experiencia estética.
