Centre d’art l’Estació | Dénia | España
La exposición de Marià Garrañana presenta un recorrido por la obra de un artista cuya práctica se nutre de la herencia de las vanguardias históricas, especialmente del suprematismo de Malevitch y de los idealismos pictóricos de la primera mitad del siglo XX. La pintura de Garrañana se caracteriza por su diálogo con el legado de 1915-1925, una época de manifiestos y proclamaciones que buscaba transformar la percepción del arte y la cultura; de esta influencia surge su capacidad para combinar rigor formal con una libertad creativa que trasciende el mero plano pictórico.
En su trabajo se percibe una tensión entre la geometría pura y la emoción contenida, entre el idealismo artístico y la experiencia contemporánea. Las composiciones, a menudo abstractas y profundamente estructuradas, buscan generar un efecto de suspensión, un espacio donde el espectador pueda contemplar la pintura no solo como superficie, sino como un terreno de pensamiento y percepción. La línea, el color y la forma funcionan como vectores que ordenan el espacio y crean una narrativa visual que es tanto racional como sensible, una coreografía silenciosa que refleja la herencia conceptual de los primeros manifiestos vanguardistas.
La trayectoria de Garrañana, que incluye premios como el de la XX Bienal de Moncada y la finalización como finalista del Premio Senyera de 1980, se refleja en la solidez y coherencia de su obra. Su pintura ha sido reconocida por críticos y poetas, como Antonio Gamoneda y Román de la Calle, y forma parte de importantes colecciones públicas y privadas, incluyendo la CAM, Bancaja, los Ayuntamientos de Godella, Moncada y Valencia, y la Fundación Max Aub.
En Bulevard de l’Èxtasi, cada obra funciona como un espacio autónomo y a la vez conectado con el conjunto de la exposición, donde la geometría, la proporción y el color se combinan para ofrecer una experiencia que es al mismo tiempo intelectual y sensorial. La muestra invita a recorrer con la mirada los paisajes abstractos de Garrañana, a detenerse en los matices de su composición y a reconocer la continuidad de un proyecto artístico que sostiene con coherencia y pasión un diálogo abierto con la historia de la abstracción y con la experiencia contemporánea del espectador.
